La historia de Adán y Eva se desarrolla en el Jardín del
Edén, un paraíso donde podían disfrutar de todos los frutos, excepto del árbol
del conocimiento, del bien y del mal. Sin embargo, fueron tentados por una
serpiente (tradicionalmente interpretada como Satanás) y comieron del fruto
prohibido. Como consecuencia, adquirieron conocimiento del bien y del mal, lo
que llevó a su expulsión del Edén y a la entrada del pecado y la mortalidad en
el mundo.
La historia de Adán y Eva no solo es un relato religioso,
sino que ha influido profundamente en la cultura, el arte, la literatura y la
filosofía occidental, proporcionando una base para la comprensión de la
naturaleza humana y su relación con la divinidad y la moralidad.
LETRA:
En el Edén todo comenzó.
Dios hizo al hombre, a su imagen lo creó.
Le dió una compañera y se enamoró.
Adán y Eva, que gran pareja son.
Plantas y flores, de todos los colores.
Muchos animales, y un gran río había.
Todos felices, viviendo en armonía.
Dios estaba con ellos, todo era alegria.
Adán y Eva en el jardín, disfrutaban sus días.
La inocencia y el amor estaban en sus vidas.
Dios les dijo no coman del fruto prohibido.
Hagan esto y vivirán siempre aquí conmigo.
CORO
En el Edén todo comenzó.
Dios hizo al hombre, a su imagen lo creó.
Le dió una compañera y se enamoró.
Adán y Eva, que gran pareja son.
Un día llegó la malvada serpiente,
Logró engañarlos, fueron desobedientes.
Eva comió primero, Adán fué el segundo.
Y entonces el pecado entró al mundo.
Cuando Dios vió lo que ellos hicieron.
El diablo no salió ileso.
Adán y Eva deben dejar el huerto.
Dios los sigue amando, su amor es eterno.
CORO
En el Edén todo comenzó.
Dios hizo al hombre, a su imagen lo creó.
Le dió una compañera y se enamoró.
Adán y Eva, que gran pareja son.
El Domund es el día en que, de un modo especial, la Iglesia universal reza por los misioneros y colabora con las misiones.
Se celebra en todo el mundo el penúltimo domingo de octubre, el “mes de las misiones”.
El lema de este Domund lo propone el papa Francisco. Inspirándose en la parábola del banquete de bodas, nos recuerda que la misión es un “ir” incansable para invitar a todos al banquete de la fraternidad, de la Eucaristía, de la reunión final con el Señor.
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